Siempre he sostenido que cuando uno comienza una vida en pareja lo único seguro que tiene es que van a haber problemas y malos ratos. Pero uno no se casa por esto, no?. Lo que siempre me ha interesado son los "otros momentos". Los otros momentos son aquellos momentos mágicos, de alegría y romanticismo, aquellos momentos que provocaron que la chispa ardiera en nuestro corazón y que nos enamoráramos perdidamente. Aquella inmensa hoguera que vive en nuestro interior y que amenaza con iluminar el universo cuando estamos juntos. Y esta hoguera hay que alimentarla constantemente porque es una llama caprichosa que flamea con fuerza y complaciencia en determinados momentos y que se puede apagar por el simple suspiro de un desencuentro.
Mi mente de ingeniería no la deja de asociar con la Ley de incremento universal de la entropía, es decir si a una relación no se le aplica energía (amor, en este caso) tiende a degradarse con el tiempo. Mientras más tiempo pasa más es la degradación que se produce, por lo que uno se tiene que mantener activo. Pero el amor es como una gacela sensible que se asusta ante cualquier grito y tiembla en un rincón cuando la helada nieve cae sobre los amantes y se comienza a acumular formando una gran bola de nieve que rueda pendiente abajo.
Un día de profunda nevazón le he gritado a mi amada y la he tratado fríamente como la tormenta que me arreciaba en ese momento. Y la bola rodó. El maldito (y absurdo) orgullo dejo que la bola rodara montaña abajo. Esta bola era pequeñita pero creció y creció alimentándose de más nieve y de pinos y ramas que tragó en su camino. Pero ambos desviamos nuestras miradas al suceso.
Al tercer día la situación era insostenible y traté de detener la bola, pero ya era muy grande y me aplastó dejándome enterrado en la nieve preguntándome porqué había permitido que esto sucediera. Me recriminé por haber sido tan estúpido.
Pero la bola seguía rodando. Me he levantado nuevamente y me he parado frente al blanco gigante con mis manos al frente. Fue un forcejeo terrible, pero entonces he mirado al lado y he visto que ahí estás, ayudando con tus brazos a frenar a este monstruo. Y la abominable bola se ha rendido. Nos hemos mirado a los ojos y hemos visto con claridad nuevamente. Alimentamos nuestro corazón con el calor del amor nuevamente.
Escribo esto porque sé que, cuando hay heridas, estas nunca se curan completamente y si se curan dejan vistosas cicatrices. Entonces dejo ésta, mi cicatriz, para recordarme los errores que se cometen pueden ser dañinos y que pueden destruir lo más bello que uno tiene en el mundo.
Te amo con toda mi alma Marlen. Lamentablemente no puedo asegurarte que no tendremos problemas nuevamente, de hecho los tendremos, pero debemos aprender a superar las adversidades. Lo nuestro es demasiado hermoso como para dejar que se muera por cosas banales y sin sentido. Lo que no nos mata nos hace más fuerte, decía el maestro. Creo tanto en este proyecto de familia que he dedicado toda mi vida (y mis recursos) a él.
Te amo tres veces.
Marcelo TM
He visto este artículo que creo nunca debemos olvidar: 12 Errores en la discusión de pareja.