miércoles, 7 de febrero de 2007

Al Ver Tus Ojos Por la Mañana


Los párpados pesan más que nunca.
Se resisten a dejar la luz de un nuevo día.
A lo lejos se escucha la voz del noticiario
que repite catedráticamente las noticias de ayer.
Dejavú, pienso entre sueños mientras la mente
intenta separar el sueño de la realidad.
Un frío aire se respira. Más frío que otros días.
Respiro profundamente dejando que mis pulmones
se refresquen un poco.
Al fin mis ojos logran abrirse completamente
y logro ver el reloj con el que batallo desde la época de colegio.
Es aún temprano...
Hay tiempo de una estirada y un bostezo en la cama.
Me siento en el borde con la mirada fija en ninguna parte,
como el último trance entre el cálido sueño y la fría realidad.
De pronto tu imagen da un golpe de shock en mi cuerpo
y logra despertarme por completo.
Vuelvo a mirar el reloj contando mentalmente el tiempo
que tengo disponible para el ritual de levantada.
Baño-ducha-baño-ropa-baño e irse. Debo correr!
El vertiginoso ritual se desarrolla con una velocidad récord
y salgo esperando coincidir con mi amor en el metro.
Voy hacia ella. Camino hacia ella. Dulce de menta intermedio.
Acelero la caminata.
Suena el celular... es ella.
Me apresuro aún más.
Bajo la escalinata y paso el torniquete.
Miro al andén y ahí está ella.
Bajo la otra escalera y me acerco.
Mi respiración es acelerada y mi paso ya es cansado.
Pero... al ver tus ojos en la mañana,
todo se me vuelve hermoso y vuelvo a soñar.
Igual que al principio de este relato.